jueves, 26 de marzo de 2020

Tarea 2.2. Toma de contacto con el curso

Estimados compañeros y compañeras del curso

Aún estamos comenzando esta formación en Aprendizaje Basado en Proyectos. Como primera toma de contacto, debo valorar el carácter práctico y aplicado de las tareas que se nos están proponiendo. En lugar de actividades tipo cuestionario basadas en apuntes, con alguna aplicación ocasional en un plano abstracto ("diseña cómo aplicarías esto a una de tus materias"), se nos plantean actividades que en sí misma son ya una aplicación de los principios del curso.

En este sentido, me están pareciendo hasta ahora de mucha utilidad las actividades que estamos realizando. La presentación del curso, aunque ya estaba habituado a hacer uso de programas de diseño, me ha dado ideas que puedo aplicar en mis materias, e incluso he tomado la idea para mandar a mi alumnado, en estos días, la elaboración de diseños con orientaciones y recomendaciones en estos días de cuarentena (adjunto a continuación una muestra).


La siguiente actividad del curso, el comentario en un Padlet, me ha sido de mucha utilidad porque más allá de la propia reflexión que hemos hecho sobre los contenidos del curso, me ha servido para conocer una herramienta muy útil para promover la puesta en común de actividades y tareas. También la he aplicado para mi alumnado de Valores Éticos de 1º de la ESO, y hemos abierto un Padlet para compartir lecturas, series o películas de cara a estos días de confinamiento.
Y en cuanto al blog, aunque estoy bastante familiarizado con esta herramienta, nunca lo había utilizado para el aula. Es cierto que el blog pasa un poco desapercibido en la actualidad, cuando tenemos plataformas virtuales que nos permiten conseguir un efecto similar en un entorno controlado, pero ya que he abierto este espero darle una utilidad pronto.
En general, estoy satisfecho con el carácter eminentemente aplicado de este curso, y espero que sigamos en esa línea.

2.1. Reflexión


https://padlet.com/juexbau/j61iyinlzdiq/wish/470818878

A veces se nos plantea un debate falso entre la innovación y la transmisión de ciertos contenidos que forman parte de nuestra propia tradición cultural. La escuela del siglo XIX estaba muy ligada a la promoción de una determinada cultura y a una identidad nacional, y este peso tradicional sigue siendo muy importante para muchos docentes. En un marco como aquel en el que nos movemos, hay que hacerse la pregunta de qué tipo de contenidos deben primar sobre la llamada innovación, pues no siempre las demandas sociales deberían imponerse sobre el criterio pedagógico, que debe estar al servicio del interés general.
Creo que existe la tendencia a ver la escuela como un dinosaurio anquilosado, incapaz siempre de responder a la demanda de la sociedad. Es fácil reconocer en la escuela actual reminiscencias notables de la enseñanza del siglo XIX, y es natural que nos encontremos docentes reacios a los cambios necesarios en muchos aspectos. Pero en términos generales, creo que la escuela se adapta más a la sociedad que nos rodea de lo que queremos reconocer. De hecho, las universidades medievales, que se ponen como ejemplo de una escolástica distanciada de la realidad, ya cumplían una importante función en una época donde la religión tenía un papel dominante sobre la sociedad (y la tarea de acercamiento entre cristianismo y aristotelismo es un ejemplo de cómo se consiguió en un momento dado dar una respuesta a las inquietudes intelectuales de la sociedad), y sus métodos pedagógicos, que alternaban la lección magistral con la disputatio, eran ejemplo de métodos de enseñanza que en participación y en calidad de los debates superaban en mucho a las universidades actuales. Y la escuela comprensiva, tal como la entendemos actualmente, es hija de las transformaciones de una sociedad moderna que precisaba una educación homogénea en contenidos y valores, fundamentalmente para cumplir con los requerimientos de la moderna economía capitalista. Es a partir de la modernidad cuando la escuela se transforma, a imagen y semejanza de la fábrica y el taller. Del mismo modo, la escuela actual se enfrenta a sociedades en permanente cambio, persiguiendo de nuevo preparar a nuestro alumnado en las destrezas que se le van a reclamar en un futuro.
Es por esta conexión entre escuela y sociedad por lo que debemos mirar no sólo la escuela que queremos, sino también la sociedad que tenemos. Las enormes transformaciones sociales y económicas que vivimos en la actualidad nos presentan muchos retos, como por ejemplo la incorporación de las nuevas tecnologías y la preparación del alumnado para empleos que seguramente no existen aún a día de hoy. Mi propia experiencia como alumno en el pasado, así como mi experiencia actual como docente, me han enseñado que en muchos aspectos el alumnado tiene un conocimiento más concreto de la realidad social y económica que los docentes. Por ello, debemos buscar métodos más participativos e innovadores, que nos permitan incorporar esos saberes a nuestra práctica docente (sin olvidarnos de lo que tienen que aportar las familias, desde su conocimiento de la realidad del entorno de nuestros centros). Para preparar a nuestro alumnado en este entorno, debemos tener en cuenta otras estrategias que vayan más allá de la competitividad visibilizada en notas, y que pongan mayor peso en la iniciativa del alumnado, en la cooperación y en su capacidad para compartir conocimientos. También debemos escuchar lo que nos demandan: una mayor perspectiva acerca del mundo en el que viven, una sabiduría respecto al manejo de herramientas digitales que se les entregan sin un manual de instrucciones, y una guía acerca de cuáles son los valores realmente necesarios en el mundo actual.
Pero no debemos olvidarnos de que la educación no es un producto más que encaja en un mercado con demandas y necesidades. La escuela tiene un poder para dar forma también a esas demandas y transformar la sociedad. Y en este plano, debemos transformar la práctica docente siempre desde un conocimiento del entorno donde queremos aplicar los cambios, debemos poner más recursos en los centros educativos que se enfrentan con situaciones de mayor desigualdad, y debemos acometer una digitalización de la escuela acorde con la realidad de una brecha digital que persiste en muchos territorios de nuestro país.
En conclusión, la transformación de nuestra práctica docente debe mirar siempre hacia el entorno, y debe reclamar medidas que hagan posible mejorar nuestra docencia para ese entorno concreto con el que nos las estamos viendo en el día a día. Y naturalmente, estas medidas que tienen que ver con la escuela pero también con el entorno de los centros, son medidas que necesitan que nos aclaremos sobre qué modelo de sociedad tenemos, qué tipo de ciudadanos esperamos que sean nuestros alumnos y alumnas en un futuro, y si queremos tomar medidas para garantizar que todos ellos acceden a ese futuro en condiciones de igualdad de oportunidades.

Flipped Classroom 3.2.: Webmix